Pedro Iturralde : " Jazz en las venas "

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MÚSICA

Jazz en la venas
Pedro Iturralde Quartet abrió la IXSemana de Jazz de Caja de Ávila con un magnífico concierto, lleno de calidad y entrega, que llenó el aforo del auditorio de la entidad de ahorro





DAVID CASILLAS

De vez en cuando, la vida nos regala el disfrute de placeres exquisitos, capaces de concentrar en muy poco tiempo tal intensidad de sentimientos agradables que se hacen difíciles de olvidar. El concierto que ofreció anoche Pedro Iturralde Quartet en Ávila, inaugurando la IX Semana de Jazz de Caja de Ávila, fue uno de esos largos momentos (una hora y media que se pasó en un suspiro) que quedan para guardar con mimo y cariño en la memoria.

Volvía el cuarteto que dirige el maestro Iturralde (con Mariano Díaz al piano, Carlos Carli a la batería y Miguel Angel Chastang al contrabajo) a actuar en este foro jazzístico abulense y, aunque interpretó un programa parecido en muchos aspectos al ofrecido hace dos años, volvió a ser tanta la entrega y la calidad derrochada, sobre todo por el genial saxofonista y clarinetista navarro que lleva muchos años convertido en una leyenda musical, que el público disfrutó plenamente de principio a fin del espectáculo.

Iturralde, que como es costumbre ayudó al público a entender su música explicándola antes de interpretar cada tema, realizó un recorrido por varias geografías en cuyas raíces musicales ha germinado su jazz de fusiones, viaje que inició llegándose hasta los comienzos del jazz en norteamérica donde, explicó, «era muy importante la presencia del clarinete».

Voló después la música hasta Francia, parada que aprovechó Iturralde para interpretar su particular versión del bellísimo Himne à l´amour de Edith Piaf, canción que cerró encadenándola sutilmente con la melodía inolvidable de La vie en rose, también del ?pequeño ruiseñor? francés.

Y de la Galia a Grecia, país éste en el que Iturralde se inspiró para componer una obra de fusión de jazz y música popular que ha traspasado fronteras bajo el título de Suite Helénica. De esta pieza, sostenida en varios momentos por el precioso fraseo al piano que la identifica plenamente, sonó una generosa parte.

El recorrido musical llegó luego a Andalucía, tierra en la que Iturralde se inspiró hace varias décadas para crear un jazz levantado sobre sus canciones populares, no sobre el cante jondo. La parada en Al-andalus fue más prolongada, puesto que de ella sonaron, siempre adaptadas al jazz personal y melódico de Iturralde, temas de Falla (Nana y La danza del fuego), un homenaje a Lorca (el maestro dejó sus saxos soprano y tenor y su clarinete para sentarse al piano e interpretar el Zorongo gitano) y Turina (eligió su espectacular Orgía, tema que cerró fundiendo magistralmente esa pieza con el Concierto de Aranjuez, Los campanilleros y ¡Ay pena, penita, pena!). El concierto finalizó, con el público entregado a los músicos y con éstos agradeciendo su excelente disposición a áquel, con un bis que supuso una vuelta a la canción francesa de preciosista melodías.

Generoso en su entrega, Iturralde se trajo a Ávila lo mejor de sí mismo (que es mucho), labor en la que estuvo perfectamente acompañado por sus tres músicos. No sólo estuvo magnífico, virtuoso de forma nunca gratuita sino todo el corazón, también estuvo espléndido a la hora de regalar el mucho arte que atesora, y estuvo, además, entregado hasta la última nota, literalmente.

De vez en cuando, como canta ese otro genio de la música que es Serrat, «la vida nos besa en la boca, afina con el pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras» Ese sentimiento de plenitud artística, de haber escuchado algo grande y hermoso, lo disfrutaron anoche cientos de personas en Ávila, de la mano del inmarcesible Iturralde. Gracias maestro. Fue un placer.

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