interesante novedad literaria sobre John Coltrane

Coltrane y Rembrandt: retratos partidistas
Por Antonio García Vila

La editorial El Viejo Topo inaugura una nueva colección -Los retratos de El Viejo Topo- con sendas semblanzas de dos figuras muy distintas pero igualmente interesantes: John Coltrane, uno de los saxofonistas más innovadores y decisivos de la historia del jazz, y Rembrandt, un clásico absoluto de la pintura. La pretensión de la nueva serie es que los autores presenten "a sus protagonistas dentro de su contexto histórico, centrándose no sólo en la genialidad del biografiado, sino también en la relación entre las personas y las fuerzas históricas que las rodean, plasmando cómo se influyen mutuamente y cómo, a través de esta experiencia cambian sus formas de ser, de crear, de pensar". Tanto Martin Smith , autor de John Coltrane. Jazz, racismo y resistencia, como John Molyneux, quien firma Rembrandt & revolución, dejan claro desde el comienzo sus presupuestos. Molyneux ubicándose en el materialismo histórico y Smith citando al mismísimo Trotski (por cierto, también Molyneux lo hará en algún momento). Sus semblanzas son, por tanto, comprometidas, tendenciosas y partidistas: como debe ser, pues están comprometidas con algunos valores -la rebelión, la justicia, la libertad- que son fundamentales en nuestra historia; tienden a situar a los hombres y mujeres en el medio que los forma y da sentido; y son partidarios del aspecto políticamente más subversivo, más reivindicativo e insurgente de sus biografiados. Aunque éstas no sean verdaderas biografías -menos aún la de Rembrandt que la de Coltrane- pues ni su extensión ni su sentido son los de una auténtica biografía.
Sí es cierto, sin embargo, que la aproximación de Smith nos presenta el devenir biográfico de ese saxofonista religioso, heroinómano y fascinante que fue Coltrane, desde su nacimiento en 1926 en Harlem, Carolina del Norte, hasta su prematura muerte en 1967. En ese lapso de tiempo, Coltrane no solo tocó con los mayores músicos de jazz de la época, grabó algunos de los discos indiscutibles no ya de ese género, sino de la música del siglo xx, como Kind of Blue, a las órdenes de Miles Davies -quien le expulsó de su banda propinándole una paliza en toda regla-, o A love supreme, grabado ya con su propio cuarteto, y amplió de forma vertiginosa los horizontes del jazz. También, y esto es quizá lo más importante, ese Coltrane aparentemente absorto en su música, participó -aunque él no lo percibiera con toda nitidez- en los acontecimientos que durante el siglo pasado jalonaron las luchas de los negros norteamericanos por conquistar los derechos civiles que se les negaban. Y es en ese empeño por rescatar a un Coltrane de algún modo activista, donde Smith nos recuerda algunos datos escalofriantes, recupera, por ejemplo, la actividad del partido comunista de los USA o revive las revueltas que incendiaron Estados Unidos en los años 60. Extraño fruto, desde luego, ese del racismo, como cantara con su maravillosa voz Billy Holliday, dando vida a los versos de Abel Meeropol. Y heroicas las formas en que tantos hombres y mujeres lo combatieron. Coltrane entre ellos, con su música, con su saxo, con el jazz.
Rembrandt es el objeto de estudio del crítico John Molyneux. La revolución holandesa condujo, en palabras del historiador y poeta Deric Regin, al "desarrollo de la primera cultura burguesa autónoma de la historia moderna". Para entender su arte, para entender, por tanto, a Rembrandt, su pintor, es necesario comprender ese hecho, pues, siguiendo la vulgata marxista que sitúa el arte, como la historia, el derecho, la política o la religión en la "superestructura" de la sociedad, "cuyo desarrollo surge de y está condicionado por la base o los cimientos de la sociedad", Molyneux afirma que "lo que hizo posible el arte revolucionario de Rembrandt fue la sociedad holandesa de la primera mitad del siglo xvii. Y esa sociedad era el resultado directo de la revolución holandesa contra el trono español": la primera revolución burguesa triunfante. Revolucionaria la sociedad que le vio nacer -el centro neurálgico de la nueva economía-mundo- y revolucionaria igualmente la sociedad abierta y permisiva que acoge a tantos filósofos y heterodoxos que huyen de la cerrazón religiosa, de las persecuciones y el terror oscurantista. Como revolucionario es el arte de Rembrandt, su tratamiento del retrato, de la mujer, de sus temas es innovador. A partir de esa constatación, el autor nos sitúa en ese privilegiado enclave histórico y nos ofrece a un Rembrandt anticapitalista avant la lettre. Las justificaciones de Molyneux para respaldar sus pretensiones son insuficientes y algo simplistas, a pesar de sus buenas intenciones, aunque el formato de estos breves textos tampoco permita una mayor profundización. Queda, sin embargo, su firme apuesta por un Rembrandt humanitario, solidario y sensible a las injusticias que la "acumulación originaria" de capital comenzaba a instaurar en un sistema que devendría hegemónico y, de momento, imbatible.
Coltrane y Rembrandt: ¿resistentes, revolucionarios? Sin duda. Estos dos esbozos son una buena invitación a comprobarlo.

Martin Smith. John Coltrane. Jazz, racismo, resistencia. Trad. de Gemma Galdón. El Viejo Topo, Barcelona, 2004, 143 págs., 9.51€
John Molyneux, Rembrandt & Revolución. Trad. de Gemma Galdón. El Viejo Topo, Barcelona, 2004, 127 págs., 9,51 €


Biografía y actitud de John Coltrane

'John Coltrane'. Martin Smith. El Viejo Topo, Barcelona, 2004. 143 págs.

Con el subtítulo 'Jazz, racismo y resistencia' se pasa revista a la biografía y actitud de John Coltrane, uno de los grandes intérpretes de este género, de raíz y desarrollo fundamentalmente afroamericano. De hecho, siempre ha sido definido como una de las mejores expresiones del alma negra en la América esclavista y racista. El sentimiento de raza oprimida, planteado en la base el jazz y desarrollado a través de las variaciones sobre esa base daba el punto de finura e interpretación del dolor y la queja de un espíritu oprimido en una sociedad injusta. Su fondo de rebelión, de no sometimiento a normas impuestas, hizo del jazz una de las formas que vehicularon en los años sesenta las peticiones de la minoría negra norteamericana. A través de la figura de Coltrane se revisa en este breve libro lo que el jazz supuso desde los años veinte, y en especial cuando los grandes movimientos tras la II Guerra Mundial. Son por tanto los precedentes y los compañeros de aventura jazzística lo que se dibuja en este estudio sobre una de las formas de protesta creativa más importantes que ha habido en el siglo pasado.
http://servicios.eldiariomontanes.es/pg040914/prensa/noticias/Cultura/200409/14/DMO-CUL-089.html


OTROS INTERESANTES:

JAZZ Y ALASKA EN LA MISMA FRASE
Harkaitz Cano
Seix-Barral, Barcelona, 2004
205 págs., 15 €

En el país de los locos, el músico de jazz es rey. Un rey destronado y maldito, eso sí, que aquí responde al improbable nombre de Bob Ieregui. Norteamericano de nacimiento pero con sangre vasca en las venas, el amigo Bob malvive por Europa trompeta a cuestas, pasea su iluminación musical por tugurios de oscuro cortinaje hasta que, víctima del capricho de un mafioso holandés, va a dar con sus huesos a un psiquiátrico de Rotterdam conocido como Alaska, vista la proverbial blancura de sus muros. Jazz y Alaska en la misma novela, pues (y El invierno en Lisboa y Alguien voló sobre el nido del cuco también, cuando menos en la referencia argumental).
Veintiún años contaba Harkaitz Cano cuando firmó este debut (tras algunos volúmenes de poesía y relatos), publicado en euskera en 1996 por Susa (Beluna jazz: errebolberra urazalean). Resumen del bagaje autorial que se nos revelará íntimamente ligado a los varios pros y algún que otro contra de la obra. Así, por pasos, es esta formación lírica la que presta voz propia y la que más poderosamente llama la atención sobre Jazz y Alaska en la misma frase, sobre algunos capítulos narrados de forma soberbia y sobre otros que, aun ralentizando la marcha, nos descubren metáforas de gran sugerencia (resulta magnífico el arranque, por ejemplo, en su unión del entramado de calles de la ciudad con los surcos del disco que agoniza sobre una gramola; la existencia de los habitantes de Rotterdam y sus suburbios con los sonidos que la aguja arranca del vinilo). Hay, por otro lado, un regusto a realismo mágico urbano similar al empleado por otro precoz narrador vasco, el Premio Nacional Unai Elorriaga. Y, ya en el apartado de imperfecciones, adjudicaremos a la juventud del firmante los ligeros baches de ritmo, la poca entidad final de un personaje principal que prometía mucho, amén de dos o tres pequeños gazapos (el famoso eclipse, ¿por qué a veces es de sol y otras se vuelve lunar? La licencia poética no da para tanto…). De todo ello acabamos constatando que, en el país de la narrativa joven española, Harkaitz Cano no es rey. Pero a fe que su lírica falta de cordura y el tempo con que la sirve son indicativos de la literaria sangre azul que discurre por sus venas.


ASTOR PIAZZOLA MEMORIAS
Natalio Gorin
Editorial Alba, Barcelona, 2003
312 págs., 23 €

Cuentan que la Argentina de la crisis económica está viviendo una revitalización del tango y que son muchos los que, en paro u obligados a soportar un trabajo en condiciones miserables y sin expectativas de progreso, encuentran en las milongas un modo de afirmarse en el presente. En las bellas y dramáticas figuras del baile los argentinos expresan la intesa desazón de los perdedores de sangre caliente y un residuo de confianza en su capacidad para derogar con arte la humillación económica.
La Editorial Alba publica las Memorias de Astor Piazzolla (1940-1992), el músico que rompió los moldes del tango, quitándole desgarro y dándole la hondura de la música clásica y cosmopolitismo. El texto, publicado ya en los años noventa en Argentina, recoge las entrevistas que el periodista Natalio Gorin realizó en la primavera de 1990 a Piazzolla, ampliadas para la edición española con el testimonio de artistas y compañeros del bandeonista y compositor, además de una relación de su discografía, sus formaciones orquestales y abundantes fotografías.
No es ésta una biografía edificante, ni desmitificadora, sino la semblanza caleidoscópica de un músico archifamoso, centrada en su trayectoria musical y sorteando su criticado apoliticismo en tiempos de Videla y de Menem. Son pinceladas de Piazzolla, que toma la palabra para contar cómo se construyó una carrera. Su infancia en Nueva York, donde el futuro discípulo de Alberto Ginestera y de Nadia Boulanger se crió, específicamente en el Little Italy, un barrio de hampones donde mantuvo a raya a todo el que se atrevió a burlarse de su cojera con unos zurdazos que le valieron el título de "Lefty". Criado entre hijos de gángsters, jugando al béisbol y hablando inglés, Piazzolla declaraba como si husmeara en la nostalgia de una vida todavía más portentosa: "Si me lo hubiera propuesto, quizá habría sido el mejor gángster de Nueva York".
También en NY, muchos años después, al recibir la noticia de la muerte de su padre, compondría el famoso "Adiós Nonino". Y esa infancia en la capital de América, donde el bandoneón era un instrumento exótico, explica su permeabilidad a las vanguardias, su pasión por el jazz, sus coqueteos con la música electrónica en los años setenta y su inconformismo. Se compara su aportación al tango con lo que Borges hizo con la figura del gaucho. Pero donde Borges construye una figura mítica con luces ya crepusculares, en un Palermo de cuchillo y de guitarra que congela la figura del hombre de la Pampa en una sombra rígida de gestos tópicos y se instruye del lunfardo, Piazzolla regala al tango una continuidad nutrida de vivencias radicalmente argentinas -la nostalgia de la tierra, la pasión y la quimera de un futuro mejor-, templadas por su apertura al mundo y sin manierismos.
Piazzolla modernizó la música de Buenos Aires. Esa música que tantos argentinos fuera de su país escuchan con una sonrisa sin desgarro porque alguien acertó a resolver el conflicto entre la pura nostalgia y la elegía de un camino hecho.
 
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