Nos encontramos en el concurso de Dinant con Claude Delangle. Despues de asistir las semifinales pudimos realizar esta entrevista para los visitfantes de Adolphesax.com.

¿Qué opina del concurso?
En primer lugar, me parece bien que exista este concurso, aunque se hable mal de los concursos (dicen que no se adaptan a la música, que la música no debe ser competitiva, etc.). Yo creo que la competitividad en un concurso no es contra los demás, sino que se trata de competir contra sí mismo. En el escenario, luchamos contra nosotros mismos, contra nuestros nervios, luchamos contra nuestra preparación, nuestras lagunas, nuestras dificultades... Y además, para muchos estudiantes es una oportunidad de tener un tipo de presión similar a aquella a la que se enfrentarán más adelante: es una buena preparación para la vida profesional.
¿Qué opina del sistema de eliminatorias, de las tres fases, de eliminar más de 100 músicos en una primera audición?

El problema siempre está entre lo que nos gustaría hacer y las posibilidades humanas. Lo ideal sería eliminar sólo 18 y quedarse con 160. Pero todo concurso tiene sus límites. En realidad, la prueba más difícil es la primera. Después ya es más sencillo, porque se toca más. La prueba eliminatoria es la difícil, por eso hay que prepararla en primer lugar. Evidentemente, a mi gusto, debería haber una cuarta fase, sería mucho más justo. Que hubiese una primera prueba en la que pudiesen pasar todos aquellos que son capaces de tocar en la semifinal, aquellos que tienen un potencial. Y después de eso, ya coger los 18 que pasarían a lo que ahora es la semifinal, los cuales, en mi opinión, serían mejor seleccionados. No quiero decir con esto que no se haya hecho bien en esta ocasión, porque el nivel es bueno, pero eso no quiere decir que no haya otros que toquen bien también.

Háblenos un poco de su último CD, À la française.
Tiene un valor más humano que musical. Musicalmente es repertorio que todos los saxofonistas conocen muy bien. No aporta casi nada nuevo, salvo que me permite tocar un repertorio que en realidad toco poco, un repertorio que ya no es realmente el que toco en concierto. Lo toco un poco, pero no es mi especialidad, aunque creo que no estoy especializado. Sobre todo, me permite rendir homenaje a Marcel Mule, a Daniel Deffayet, para quienes fueron escritas. También me permite hacer un balance, ya que estoy a mitad de mi carrera profesional. Hacer un balance para ver qué queda de mi herencia, qué he retenido de
obras que he tocado con profesores. Porque todo el repertorio actual, o al menos el 90 %, no lo he estudiado con ningún profesor, lo he trabajado solo. Bueno, algunas cosas si las había abordado antes. Denisov lo trabajé, pero no puedo decir que lo he estudiado con algún profesor, realmente no recibí ningún consejo. En cambio, Desenclos, Tableaux de Provence, Sencan, Koechlin... es repertorio que calificaría de escolar. Y es interesante saber qué queda de eso, qué placer siento al tocar esas obras. Y realmente disfruto tocándolas, me parece interesante, me parece que es un repertorio que tiene su parte de valor. Hace 25 años era el repertorio del saxofón. Si salíamos de ahí, es porque éramos unos heréticos. En cambio, hace diez años e incluso ahora, hay gente que dice que no vale nada, que no hay que tocarlo, que hay que desecharlo, que es basura, que es nulo, que es tonto... Y yo considero que no es ni una cosa ni la otra. No es ni el repertorio del saxofón, ni hay que tirarlo a la basura. Es útil, es interesante, en primer lugar porque suele ser música muy agradable y placentera, y además, es difícil. Pedagógicamente hablando, tiene cierto valor, porque por un lado es parte de la historia. La contemplamos como un objeto que compramos hace 20 años. No lo ponemos en la chimenea como si fuera lo más importante que tenemos, porque no nos identificamos con ese objeto. Pero nos hace pensar que en esa época nos gustaba eso. Y al final, no lo tiramos, no lo revendemos. Nos sentimos atados a él como su fuera una parte de nosotros mismos. Es una pieza útil.

¿Cuáles son las principales virtudes de un buen saxofonista hoy en día?
Creo que son las mismas calidades que se le exigen a cualquier otro músico. Lo primero, es conocer la música, tocar afinado, medir correctamente, controlar su instrumento, controlar una herramienta. Y saber comunicarse a través de esa herramienta. Después, lo que hagamos, cómo nos expliquemos, eso depende de uno y de otros, depende de la cultura, depende de los gustos. Lo primero y esencial es el control de la herramienta. Y eso es lo que vemos aquí, en la semifinal. Globalmente, los 18 semifinalistas son buenos músicos, son personas que tienen algo que decir, que comunicar. No hay ningún tipo de catástrofe, son buenos músicos, pero a menudo potencialmente buenos. El problema es que tienen un límite. Yo por ejemplo, hablo español, pero hablo un poco de español sólo. Si quisiera hablar de filosofía en español, apenas podría comunicar mis ideas. Tengo ideas, claro que las tengo, pero las comunicaría de una forma un tanto abrupta, de forma un poco grosera. No tengo el vocabulario necesario, ni la terminología... no sé hablar bien español. Y eso es lo que solemos escuchar. Tienen un potencial, son buenos músicos, tienen mucha sensibilidad... pero no tienen el vocabulario necesario, no saben cómo decirlo. Adivinamos que son buenos músicos. No obstante, también hay que tener en cuenta una cosa: la presión psicológica es muy fuerte en un concurso como este. La presión es demasiado fuerte, de hecho. Yo, ya no tengo la oportunidad de tener esta presión en un concierto. A lo mejor estoy tenso los primeros cinco minutos, pero nunca dura más. Después, me divierto un poco, me gusta mi trabajo, es mi trabajo. Sin presiones, no me gustaría volver a encontrarme en esa situación. ¿Realmente hay que pasar por ahí? Lo importante es que los estudiantes entiendan bien el objetivo, porque es ésa la situación. Creo que la situación no es ni buena ni mala. Puede ser mala si pensamos que hay que luchar contra los otros, aplastar a los otros, ser mejor que los demás. Lo importante es ver, en un contexto pesado y cargante cómo me comporto, qué hago de mí mismo, de lo que controlaba dos días antes en mi estudio tranquilamente, en qué se convierte todo eso cuanto me pongo a prueba. Cuál es el resultado cuando me encuentro en situación. Es lo mismo que cuando estamos en el restaurante. El cocinero tiene que servir a cincuenta personas, y tiene que luchar, la salsa está demasiado salada, hay mucha tensión... y yo, estoy sentado en mi mesa comiendo, y quiero paz, que todo esté tranquilo, que esté bueno, que esté caliente. En un concierto es igual, vengo a alimentarme de algo que esté bueno. Yo, como público que soy, quiero lo mismo, no estoy tenso, estoy tranquilo, mientras que el músico, en escena, lucha contra sí mismo. Y hay algo que es muy bonito en esa situación.