Saxofón
Viernes Agosto 23, 2019
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¡¡Feliz Aniversario!!
por Josetxo Silguero / Iñigo Ibaibarriaga

Este artículo pretende dar a conocer, en la lengua de Cervantes, las diferentes investigaciones que a través de su vida profesional ha realizado Jean-Marie Londeix (a quién agradecemos públicamente su ayuda y autorización prestadas en las diversas traducciones llevadas a cabo) en torno a la obra más emblemática del repertorio clásico orquestal del saxofón, firmada de puño y letra por el padre del impresionismo musical, Claude Debussy.

 

La Vida Musical en Boston

A comienzos del siglo XX la ciudad de Boston se encontraba inmersa en plena efervescencia en torno a las Bellas Artes. Por entonces coexistían el Museo de Bellas Artes, el Jordan Hall, el Simphony Hall, el Chickering Hall y el Ópera House de Boston, el cual fue construido en el plazo de diez años, gracias a los esfuerzos de familias prominentes de la ciudad. Las más finas y exquisitas colecciones de arte privadas se dieron cita en la ciudad, como por ejemplo la colección en la casa de la Sra. Jack, ahora conocida como Isabella Stewart Gardner Museum, actuando asimismo numerosas familias adineradas como mecenas de músicos y artistas plásticos.

 

En años posteriores la familia de Doctor August Thorndike (oboísta aficionado) trabó amistad con un joven compositorllamado Walter Piston, cuya suite de oboe fue dedicada a Thorndike. Fue en este entorno artístico donde se desarrolló el interés de la Sra Elise Hall por las bellas artes.

 

Años después de contraer matrimonio con Richard John Hall (prominente cirujano de Nueva York y Santa Bárbara), la Sra. Hall comenzó a sufrir pérdida de oído, y fue su marido quien le recomendó el estudio de un instrumento de viento, optando finalmente por el saxofón.

Tras la muerte de su marido en 1897 (persona muy querida en Sta. Bárbara), la Sra. Hall decidió centrar sus esfuerzos y fortuna en desarrollar la vida musical de Boston.

La Polémica sobre la autoría

Numerosas discusiones se han desatado en torno a la autoría, creación y terminación de la parte orquestal de la única obra que el maestro del impresionismo francés, Claude Debussy, dedicara al saxofón: la Rapsodia para Orquesta y Saxofón.

La obra responde a un encargo recibido a finales del año 1900 y realizado por Elise Hall, presidenta del Orchestral Club de Boston, del mismo modo que recibirían, anterior y posteriormente, otros compositores franceses y belgas, hasta un total de 22 obras encargadas, entre los que podemos citar a Vicent D´Indy, André Caplet, Florent Schmidt, Paul Gibson, Charles M. Loeffler, Georges Longy, Philippe Gaubert, Gabriel Grovlez, François Combelles, Jan Huré...

De esta manera, el mecenazgo que obtiene el saxofón a manos de Elise Hall alcanzaría, a comienzos del s. XX, un desarrollo insospechado para el propio creador Adolphe Sax.

Bien es cierto que existe una amplia documentación y publicaciones en las cuales se atribuye a Jean Roger-Ducasse la autoría de la parte orquestal, terminada en 1919. No obstante, y con el fin de disipar tal polémica, nos complace dar a conocer diversas traducciones autorizadas por el maestro Jean-Marie Londeix referentes a sus investigaciones en las que se determina el papel que desempeñó el propio Debussy, y su discípulo Roger Ducasse, en cuanto a la terminación de la parte orquestal.

Al haber aceptado el encargo, Debussy se pregunta no tanto por las posibilidades del instrumento, que él ya ha escuchado a menudo, sino más bien sobre la personalidad intrínseca del mismo. Debussy escribe a principios de julio de 1903 a su amigo Pierre Louys:

"(…) El saxofón es un animal de caña y conozco mal sus costumbres. ¿Le gusta la dulzura romántica de los clarinetes o la ironía un poco grosera del sarrusophone (o del contrafagot)? Le hago murmurar frases melancólicas?").

Estas intenciones, aparentemente desenvueltas, esconden las auténticas preocupaciones del maestro: ¿de qué es, pues, capaz el saxofón?


Debussy sabe, gracias al repertorio existente y a los numerosos programas de conciertos militares, que el saxofón, habitual de los quioscos musicales, es un instrumento sobradamente preparado para la música al aire libre. El instrumento puede ser virtuoso, pero se revela para él esencialmente vocal (como lo indica Berlioz en su Tratado de instrumentación). Debussy le deja, entonces, cantar. No con la valentía de un tenor de ópera, pero sí con la discreción aristocrática de un cantante de lied.

La obra que el compositor escribe utiliza de modo simbólico un instrumento nacido de la nada y que, poco a poco, comienza a ser testimonio simple, digno, púdico e íntimo de una música sacada de elementos musicales arraigados en un fecundo terreno popular. El genial compositor hace burla, una vez más, a la arbitrariedad académica. Manifiesta en esta insólita obra el signo evidente de su independencia y su sentido de la libertad.


Tras siete años de espera, la obra fue terminada en 1908, aunque en una versión para saxofón y piano. Tras esta lenta elaboración, Debussy envía a Boston el manuscrito hológrafo, firmado de su puño y letra, Esquisse d’une Rhapsodie mauresque pour orchestre et Saxophone principal (1901-1908).


El manuscrito comprende 14 páginas debidamente numeradas. La música está escrita sobre cuatro partituras, con indicación precisa de orquestación. Conforme a su adagio famoso: "no escriba más que lo que podría escribir el copista", Debussy deja en blanco el acompañamiento de 23 compases de orquesta cuya melodía sí está claramente anotada.
François Lesure, eminente musicólogo que dio nombre al catálogo razonado de la obra de Debussy, otorga a la Rapsodie avec saxophone, el número de opus L.98, y la coloca entre Linderaja para dos pianos (abril de 1901) y Estampes para piano (julio de 1903).

 

LA PRIMERA AUDICIÓN

El estreno de la obra tuvo lugar en París, el 11 de mayo de 1919, bajo la dirección de André Caplet.

Roger Ducasse fué solicitado para realizar el guión orquestal (es reseñable destacar que su nombre no figura en ninguna parte sobre la partitura, de modo que su papel fue considerado insignificante). Este hecho hará pronunciarse a François LESURE, gran especialista en la música de DEBUSSY, en los siguientes términos, en una carta enviada personalmente a J. M. Londeix el 27 de septiembre de 1993:

"…no puedo decirle cuánta razón tiene Ud. sobre el abuso que ha existido al pretender otorgar a Roger Ducasse la ‘autoría’ de la parte orquestal de la Rapsodia para orquesta y saxofón de Debussy. Sería más justo hablar de una puesta a punto de cara a la edición."

No estaría de más subrayar que el nombre del saxofonista del estreno de la obra (Yves Mayeur, sobrino de Louis Mayeur) no fue mencionado en el programa del concierto, como sucedía habitualmente en el estreno de las obras sinfónicas.

Como consecuencia de esta primera audición, Albert Bertelin escribe en “El Correo Musical” (n°11 del 1 de junio de 1919): "La Rapsodie no tiene de ninguna manera, como bien se pudiera pensar, el aspecto de una obra concertante; se presenta mucho más bien como un cuadro orquestal en el cual el instrumento principal se caracteriza, sobre todo, por el carácter tan particular de su timbre; por la importancia de sus proporciones, la riqueza de su colorido, el extraño sabor de su calidad musical. Esta obra, que se emparenta con los mejores trabajos que hubiera escrito su autor, es digna de Nocturnos e Imágenes".

Las afinidades son numerosas entre la “Rapsodia” (en un tiempo calificada por Debussy "oriental", luego "morisca") y La Soirée dans Grenada, segunda de las tres Estampes, compuestas en julio de 1903. Misma introducción melancólica y ensoñadora; misma calma misteriosa; mismo ritmo "indolentemente gracioso" de la habanera, equitativamente repartido entre ternario y binario; mismas pequeñas notas tan expresivas; misma España imaginada por un francés, sin efectos de guitarra, y fuera de las "imágenes" convencionales de las postales turísticas. Reencontramos allí también las embriagadoras repeticiones de acordes de novena de dominante no resueltas en Linderaja, expresando "el misterio del deleite inquieto y apasionado". Fácilmente reconocibles son también, los acordes perfectos paralelos sobre escala "oriental" de Estampes; los desarrollos por repeticiones variadas a la manera de los compositores rusos; las estructuras yuxtapuestas; la sucesión de consonancias perfectas, fuera de toda lógica – según escribe V. Jankelevitch – el mismo tipo de discontinuidad continúa; la sucesión de consonancias perfectas; el uso obsesivo del pedal (generalmente aquí de Sol # ), recordando la atmósfera " lánguida y pasmosa" de la Rapsodie española de Ravel de 1895; y por fin, la misma forma bipartita que las Danzas para arpa y orquesta de cuerdas, de 1904. Es decir, la inmensa mayoría de los elementos musicales que caracterizan en aquella época la personalidad del gran músico.

Detallemos ahora la página que da titulo al manuscrito primitivo, escrita como el resto y firmada de puño y letra por el compositor: "Esquisse d’une Rhapsodie mauresque pour orchestre et saxophone principal: à Madame E. Hall, avec l’hommage respectueux de Claude Debussy (1901-1908)”.

 

1) « Esquisse » (esbozo) no parece tener aquí el sentido de bosquejo, sino el del poema corto, como en D’un cahier d’esquisses, pièce pour piano, de 1903 (contemporánea de la pieza con saxófono), o como El Mar, subtitulado también "esbozo".

2) « Rhapsodie mauresque »: Carmen de Bizet consagró en Francia la moda sobre España: el exotismo del Sur. Como sus contemporáneos, Debussy sucumbe a esto titulando numerosas obras suyas con tintes de sabor hispano: Madrid princesa de España, Seguidillas, Canción Española, Noche en Granada, Puerta del Sol, Iberia, páginas en las que a menudo es difícil descubrir inspiración española alguna, dado que todas ellas son características del arte francés.

Que el calificativo de “mauresque” (morisco) estuviera suprimido del título de la obra (excluido por quién? Lo ignoramos) no parece que cambie nada en el carácter eminentemente “debussysta” de la música, nos expresa J.M. Londeix.

3) «… para orquesta y saxofón principal». El subtítulo especifica claramente la voluntad del compositor de no escribir una obra concertante, sino más bien sinfónica, de forma libre con saxofón.

Como en las sinfonías de Gustav Mahler (de la misma época) donde la voz del cantante interviene sólo episódicamente, Debussy emplea el saxofón en la Rapsodia únicamente para cantar, y en un ámbito voluntariamente restringido, que no utiliza ni el registro grave ni agudo del instrumento. Este tratamiento peculiar por parte de Debussy, nos recuerda el uso que hace de la flauta - esta vez en la tesitura aguda -, en El Preludio a la siesta de un Fauno.

4) La fecha de composición: « 1901-1908 » muestra que el compositor no consideraba su obra inconclusa, como se obstinan en repetir varios testarudos musicólogos. A excepción de las 23 medidas donde el acompañamiento podía fácilmente ser completado, la partitura editada por Durand - en su versión para saxofón y piano -, está puntualmente conforme con el manuscrito hológrafo de Boston, excepto las indicaciones de orquestación que, desgraciadamente, no han sido documentadas.

 

El manuscrito hológrafo de la partitura para saxofón y piano será enviado a Elise Hall en 1911.

Hasta el momento, hemos procedido a dar a conocer las tesis de Jean-Marie Londeix, en las cuales muestra con hechos constatados que la obra que nos atañe es original y fue editada según la concibió su autor.

Procedamos ahora a dar a conocer algunas particularidades de la obra, siguiendo nuevamente los certeros puntos de vista del profesor Londeix.

La duración de la obra es sensiblemente parecida a la de Danses pour Harpe et orchestre à cordes, y al Prélude à l´après-midi d´un faune, donde el papel episódico de la flauta puede ser comparado al del saxofón en la Rapsodia.
El saxofón no interviene más que en los pasajes cantábiles, y da una unidad de color ‘fauve’ a la obra. Deja a los otros instrumentos de la orquesta el papel de intervenir en los tintes alejados y en los pasajes más danzantes.
A este propósito, resulta de sumo interés ver a Debussy presentar el saxofón en la desnudez de su timbre, para subrayar, tal vez, que el “animal” es bello en su estado natural y demostrar su preocupación por hacer escuchar, generosamente, en salas de concierto lo que no se escuchaba en la calle.

Según los comentarios de J. M Londeix, estrecho es el ámbito sonoro en el que Debussy emplaza voluntariamente al instrumento “principal”: una octava y media. Este ámbito no es rebasado hasta el fulgurante vuelo del final. Nuestro compositor limita deliberadamente el saxofón a las notas y tesitura de “mezzo-soprano”; tesitura que concuerda con firmeza en el tratamiento musical de los “cris” (gritos) populares tomados como base de inspiración. Pero este interesante aspecto será tratado ampliamente en una segunda y posterior entrega sobre la Rapsodia.
En consecuencia, y subscribiendo al cien por cien las palabras de Jean-Marie Londeix, ¡¡es un abuso, un sin sentido doblar este ámbito hacia el registro agudo en las versiones “mejoradas”, con la idea de construir de una página sinfónica una obra concertante para saxofón acompañado!!.

 

LA RAPSODIA EN ESPAÑA

Tristemente, bien por la desidia de los responsables de la programación en las orquestas sinfónicas españolas, bien por la consideración de obra menor en ambientes saxofonísticos de nuestro país, el caso es que la obra no fue programada, ni estrenada oficialmente en España, hasta el 31 de enero de 1996. Fue la Orquesta Sinfónica de Tenerife quién realizó su estreno en España, con motivo de su participación en el Festival Internacional de Música de Canarias (y repetida nuevamente el 2 de febrero en el mismo festival), siendo el californiano John-Edward Kelly el solista invitado. Una verdadera lástima la preciada oportunidad perdida para la historia del saxofón en España el que no la propiciara hasta el momento ningún solista español.

Esta información, contrastada, fue el resultado de la respuesta enviada por el Sr. Julián Ortega, responsable de Monge y Boceta Asociados Musicales S.L, representante de la editorial Durand en España, al departamento de archivo de la Orquesta Sinfónica de Euskadi.

Posteriormente, y atendiendo a la información enviada por el representante de Ediciones Durand en España, la Rapsodia volvió a entrar en un largo letargo en las programaciones sinfónicas de nuestro país.

 

Es en marzo de 2007 cuando Josetxo Silguero Gorriti recibe la invitación carta blanca del director Juan José Ocón para proponer una obra concertante de saxofón para uno de los conciertos de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, de cara a la temporada 2007/2008. Y será la Rapsodie pour Orchestra et Saxophone la obra escogida, propiciando así solista y orquesta, que fuera presentada por primera vez en la península, concretamente el 17 de enero 2008 en el Teatro Principal de Vitoria-Gasteiz, y al día siguiente en el Teatro Amaia de Irún. " type="application/x-shockwave-flash" width="440" height="305">" />

Confiamos que no sea necesario que pasen otros 100 años más para poder disfrutar, nuevamente, de la obra cumbre del repertorio orquestal clásico para saxofón.

Con todo....
FELIZ ANIVERSARIO RAPSODIA!!
… continuará.
2ª entrega: Influencia de los “Cris” en la Rapsodia, y correspondencia de Debussy.

Artículo realizado por: Josetxo Silguero e Iñigo Ibarriaga.

Especial agradecimiento a la Revista Viento, para la que fue escrito este artículo. Ver la revista: http://www.adolphesa.com/doc/Adolphesax.com_Revistaviento10.pdf 

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