Saxofón
Miércoles Marzo 20, 2019
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Hijo de un fabricante de instrumentos musicales, Antoine Joseph Sax, conocido por Adolphe Sax, nació en Dinant, Bélgica, el 6 de noviembre de 1814. Iniciado desde muy joven en la fabricación de instrumentos y en la interpretación del clarinete, percibe las imperfecciones de éste y se dedica a remediarlas.

Un ideal obsesionaba a Sax mientras dirigía el taller de su padre: inventar un instrumento de viento que por el carácter de su voz pueda aproximarse a los instrumentos de cuerda, pero que tenga más fuerza e intensidad"(1)

Trabajando sobre modificaciones para lograr una mayor calidad de sonido y resolver algunos de los problemas acústicos del clarinete, Sax construye lo que hoy se conoce como Saxofón.

"Mejor que cualquier otro instrumento, el saxofón es susceptible de modificar su sonido a fin de poder dar las cualidades que convengan o de poder conservar una igualdad perfecta en toda su extensión. Lo he fabricado -añade el inventor- de cobre y en forma de cono parabólico. El saxofón tiene por embocadura una boquilla de caña simple. La digitación es como la de la flauta y la del clarinete. Por otra parte, se le pueden aplicar todas las digitaciones posibles"(2).

En los primeros años era el propio Sax quien ejecutaba el saxofón. En 1841, en la ciudad de Bruselas, tocó el saxofón bajo por primera vez ante público.

En 1842 el joven fabricante llega a París con su saxofón embrionario, recibiendo una cálida acogida de parte de importantes compositores. Tras constantes trabajos para perfeccionarlo, la familia de saxofones fue patentada en París, el 28 de junio de 1846.

Héctor Berlioz compuso en 1844 la primera obra conocida para saxofón: el sexteto Canto Sagrado, estrenada el 3 de febrero del mismo año en la sala Hertz, bajo la dirección del propio Berlioz y con Adolfo Sax interpretando la parte de saxofón. El entusiasmo de Berlioz por la sonoridad del nuevo instrumento quedó expresado en un trabajo que publicó en 1842 en el Journal des Debats y que señala:
"es de tal naturaleza que que no conozco ningún instrumento actualmente en uso que pueda comparársele, a ese respecto. Es pleno, blando, vibrante, de enorme fuerza y susceptible de endulzar" Y concluyó en estos términos:
"Los compositores le deberán mucho al señor Sax, cuando sus instrumentos alcancen un uso general. Que persevere; no le faltarán los estímulos de los amigos del arte".(3) Pero no sólo Berlioz tuvo frases elogiosas para el saxofón.
Rossini, tras oírlo en 1844 expresó:
"Nunca he escuchado nada tan bello"(4)
Mayerbeer, por su parte, señaló:
"Es este para mí el ideal del sonido".(5) 


Desde el Armisticio de la Primera Guerra Mundial, pasando por los años 20, se produjo una especie de epidemia de saxomanía. Respaldando una amplia producción de instrumentos, se distribuyeron publicaciones con fotos de intérpretes o grupos que anunciaban sus saxofones. Las compañías de fabricantes Conn y Buescher lanzaban anuncios tan sorprendentes como los siguientes:


. Si usted puede silbar una tonada, usted puede tocar saxofón.

. Tres lecciones gratis le permiten un avance.

. Toque escalas en una hora, tonadas en una semana.

. Todo el mundo puede aprender rápido a tocar aires populares en el saxofón.

. Popularidad, placer, provecho, todo es suyo cuando toca un saxofón Conn.

Entretenga a sus amigos. Toque profesionalmente todo o una parte... (9)

Hacia 1918 el saxofonista Rudy Wiedoeft adquirió un gran nivel técnico interpretativo en la música ligera, otorgando cierta respetabilidad al saxofón. Su artistismo y brillantez técnica se difundieron (sobre todo por sus grabaciones) Sus interpretaciones incorporaban muchas de las posibilidades del instrumento, marcando los años de la posguerra. Se convirtió en un renombrado virtuoso de su tiempo, que logró el entusiasmo del público en sus presentaciones e inspiró a muchos otros intérpretes a explotar la expresividad y el potencial técnico del saxofón. Recopiló una serie de solos adecuados a su talento y con la ayuda de varios arreglistas, escribió nuevos solos recogidos en sus populares grabaciones entre 1916 y 1931.

Debido a la inmensa popularidad del saxofón y su fuerza en el mercado, las orquestas bailables comenzaron a añadirlo para aumentar la sonoridad del conjunto.

Muchas personas atribuyen la popularidad del saxofón únicamente al jazz, lo cual es totalmente falso en sus orígenes, pues a pesar del interés del público por el saxofón, pocos músicos profesionales del jazz lo tocaban antes de 1920.

En New Orleans, cuna del Dixieland se usaba escasamente, sólo de manera rítmica y no como solista, como sí lo eran el clarinete, la trompeta o el trombón. Fue hacia mediados de los años 20 que el uso del saxofón comenzó a ser aceptado como nuevo método para el desarrollo comercial del jazz.

El jazz desarrollado en Kansas, al declinar el de Nueva Orleans, partía de la concepción de las tres voces y las secciones rítmicas, pero fue creciendo lentamente hasta alcanzar la idea de la big band, que incluía grupos de cada instrumento. Entre los instrumentos individuales que se desarrollaron por sí mismos en los años 20, el saxofón es ampliamente el más importante.

Con el arte de la improvisación practicado en las jam sessions se desarrolló el saxofón como instrumento insuperable para los solistas de jazz.

Cuando los músicos abandonaron New Orleans e incluso Chicago, en busca de mejores empleos, se dirigieron a St. Louis, Oklahoma City y Kansas City. El estilo jazzístico de esta última ciudad estaba particularmente orientado hacia el saxofón, que resultaba el instrumento más importante en las agrupaciones de jazz hacia 1920. Kansas produjo muchos grandes solistas: Lester Young, Charlie Parker, Colemann Hawkins y otros, cuyo talento contribuyó grandemente al desarrollo del saxofón. Siendo el jazz una especie de conversación entre instrumentos, el saxofón adquirió en él una indiscutible maestría. El jazz, a partir de esos intérpretes, creó el ambiente que ayudó a la música contemporánea a ampliar su espectro sonoro, al emplear timbres hasta entonces desconocidos y extender el campo de las combinaciones sonoras.

Al crecer la popularidad del saxofón durante los años 20, el número de composiciones sinfónicas y operísticas con el instrumento se incrementó de 36 a 65, hacia fines de los años 30.

Se destacan en particular el bello solo de La creación del mundo, de Darius Milhaud (inspirado en temas de jazz, en 1923) y el empleo de tres saxofones en la Rapsodie in Blue, de Gershwin (1924)

Hacia 1940, sin embargo, hubo un cierto decrecimiento en el empleo del saxofón en la música sinfónica y operística, paralelamente al declive de la popularidad del jazz. Es en Europa que dos virtuosos de personalidades complementarias serían los encargados de confirmar definitivamente el saxofón clásico: Marcel Mule y Sigurd Rascher.

Marcel Mule (Francia 1901), solista de la Banda de la Garde Republicaine, había alcanzado un altísimo nivel técnico y sus estudios sobre el vibrato le habían hecho adquirir un gran prestigio y atraído la atención de numerosos compositores. Con él, el saxofón entró en los grandes conciertos: Concerto de Pierre Vellones (1935), Concerto de Eugene Bozza (1937) y la Ballade de Henri Tomasi (1938), entre los más conocidos.

En 1936 funda el Cuarteto de Saxofones de París, cuyo repertorio original lo integraban transcripciones realizadas por el propio Mule. Rápidamente los compositores se sintieron atraídos por esa formación y escriben para ella (Glazounov, Rivier, Absil, Bozza, Desenclos, Dubois y otros)

En 1942, un acontecimiento musical tuvo lugar, gracias a la notoriedad lograda por este prestigioso artista: la reapertura de la cátedra de saxofón en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París, encargada, obviamente, a Mule.

Desde entonces su triple labor de solista, pedagogo y director del cuarteto (devenido en 1951 Cuarteto Marcel Mule) fueron un impulso y un estímulo al desarrollo del saxofón.

Por su parte, Sigurd Rascher (Alemania, 1907) comenzaba a ser conocido por los años 30 y estrenó el Concerto de Edmund Bork en 1932. Tiempo después abandonó su país a causa del prejuicio nazi contra el saxofón. Alcanzó virtuosismo notable, en particular al emplear con maestría los sonidos sobreagudos. Durante sus numerosas presentaciones en Europa, América y Australia, además de su capacidad de persuasión y al atractivo de su interpretación, logró interesar en el saxofón a destacados compositores: Glazounov (Concerto en Eb, 1934), Jacques Ibert (Concertino da Camera, 1934), Paul Hindemith (Konzertstuch, 1933), y muchos otros que a lo largo de su carrera le dedicaron importantes obras que hoy en día conforman el repertorio del instrumento.

Emigrado de Alemania en 1933, donde el saxofón fue considerado proscrito, Rascher se instala primero en Dinamarca y luego, definitivamente, en Estados Unidos, adoptando posteriormente la nacionalidad norteamericana.

Cecil Leeson (1902), está considerado el pionero de los solistas norteamericanos. Ofreció el primer recital de saxofón en Nueva York (Town Hall), el 5 de febrero de 1937 y estrenó en 1938 el Concierto de A. Glazounov en los Estados Unidos, con la Orquesta Sinfónica de Rochester. Además de varios conciertos, Cecil Leeson encargó y estrenó veinte sonatas y diecinueve obras de música de cámara a varios compositores norteamericanos como Leon Stein, Burnet Tuthill, Eduard Moritz, Paul Creston, Janomir Weinberger, Robert Sherman y Morris Knight.

Es así como se demuestra que sólo a partir del virtuosismo interpretativo, el saxofón logró un rango solístico que ha permitido que de unas 900 obras escritas antes de 1942, en 1985 existieran 4500 obras originales, 2000 obras sinfónicas con uno o más saxofones y más de 3500 transcripciones.

En la actualidad existen más de 3000 compositores vivos que han escrito sobre 5000 obras originales para saxofón. Entre ellos: Luciano Berio y Karlheinz Stockhausen, por sólo citar algunos.

A partir de la reapertura de la cátedra de saxofón en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París, ese centro ha sido el foco fundamental de expansión del saxofón. Numerosos intérpretes de todas partes del mundo han adquirido en las enseñanzas de Mule, o de sus discípulos la maestría que ha permitido acercar a nuevos compositores a la sonoridad del saxofón.

La versatilidad del saxofón es amplia y a 160 años de su invención nos muestra su protagonismo como instrumento de jazz, de música popular, ligera, pero también de música docta y contemporánea, capaz de satisfacer aspiraciones creadoras diversas, desde las más convencionales hasta los vanguardismos más audaces.

Hace algunos años que el saxofón se ha convertido casi en un fenómeno de sociedad: instrumento de moda, símbolo musical. Su imagen es utilizada frecuentemente en la publicidad, cualquiera que sea su propósito, incluso para temas tan alejados de él como muebles, aparatos de vídeo, etc. Su nombre ha servido para bautizar automóviles y objetos no musicales. Quizás el cercano siglo XXI haga justicia total a la genialidad de Adolfo Sax.

Doce Congresos Mundiales de Saxofón han tenido lugar desde el primero, realizado en Estados Unidos, en 1969, donde se han podido escuchar estrenos mundiales, charlas pedagógicas, exposiciones de los fabricantes, conferencias, conciertos etc. El saxofón ha hecho su entrada en importantes concursos internacionales como el de Ginebra, entre otros.

Además de Francia, países como Bélgica, Suiza, Estados Unidos, Canadá, Holanda y Japón marchan a la cabeza del movimiento saxofonístico mundial y el saxofón se estudia en la mayor parte de los conservatorios y universidades.

En América Latina, el saxofón se ha ido desarrollando con bastante retraso con relación a Europa y Estados Unidos, pero en algunos países se nota el incremento de obras para el instrumento, como Argentina, donde se han catalogado 140 obras originales para distintos formatos (Revista Eldorado No 3. Las cañas en América Latina. Otoño de 1999 pág 40-42) y Cuba, donde hemos catalogado 67 obras originales (Revista Eldorado No 4.Las cañas en América Latina. Primavera de 1999 pág 40-44).

Habría que destacar a Heitor Villa-lobos(1887-1959) como uno de los grandes compositores latinoamericanos que más empleó al saxofón en sus obras: Fantasía Op 630 para saxofón soprano, cuerdas y tres cornos (1948), Bacchianas Brasileiras No 2, para saxofón tenor y orquesta de cámara, Sexteto Místico Op 123 (1917), Quatuor Op 168 (1921), Nonetto Op 181 (1923), Choros No 7 Op 186 (1924) y Choros No 3 Op 189 (1925).

 

Historia del Saxofon Tomada de la Revista de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Escrita por Miguel Villafruela.

 

 

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